domingo, noviembre 08, 2009
Top 10: mis discos favoritos
Hace un tiempo (un año, tal vez más) le comenté a mi sempai Cristian que estaba pensando hacer una entrada del blog sobre mis 10 discos favoritos de todos los tiempos (no los mejores, sino mis favoritos). Él me respondió que ese tipo de listas le parecían un error, una suerte de necrológica antes de tiempo, que se quedaría rápidamente obsoleta: tan sólo bastaba la aparición de un nuevo disco o el descubrimiento de alguno ya existente para echar por tierra la validez de semejante top. Por eso he estado esperando hasta ahora para colgar dicha entrada. Porque su carácter necrológico es hoy más válido que nunca. Estos son, aquí y ahora (pero probablemente no allí y mañana) y en orden de creciente importancia, mis 10 discos favoritos de todos los tiempos:
1o. La leyenda del tiempo - Camarón
9. Clandestino - Manu Chao
8. Highway 61 revisited - Bob Dylan
7. Aqualung - Jethro Tull
6. The dark side of the moon - Pink Floyd
5. Origin of simmetry - Muse
4. OK Computer - Radiohead
3. Wish you were here - Pink Floyd
2. A night at the opera - Queen
1. Born to run - Bruce Springsteen
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Esto va de canciones, favoritismos
sábado, noviembre 07, 2009
Don de lenguas
Resulta que el Dador de Formas también habla en castellano.
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Esto va de comics
"Mainstream" no es un taco en alemán
Con los tebeos pasa, más o menos, como con cualquier otra forma de ocio.
Si hablamos de música, hay días en que a uno le apetece escuchar a Belle & Sebastian o a Antony and the Johnsons, mientras que en otras épocas quizás prefiera darse un atracón de Ronnie James Dio o Metallica. En el cine, uno no siempre tiene el cuerpo para Kim Ki-Duk o Wong Kar-Wai y prefiere llevarse a los ojos lo último de John McTiernan, aunque el hombre esté en horas bajas. Con los comics, como decía, otro tanto de lo mismo. Chris Ware, Joann Sfar o Jiro Tanguchi son unos maestros de la narrativa gráfica, sí, pero hay días en que lo que te pide el cuerpo son combates a escala cósmica y frases de tío duro, y está clarísimo que en esos momentos la primera opción es siempre la misma: súper-héroes, of course.
Otra cosa, claro, es que, por mucho que te apetezcan hostias como panes y tíos cachas en leotardos, la parte más analítica de tu cerebro no sea capaz de reconocer si lo que estás leyendo es culo o codo (como dicen en "El hormiguero").
Así, puede que en tus ansias por calmar al lector mainstream que late bajo la admiración que sientes hacia David B. o Manu Larcenet te encuentres con un aborto de las proporciones del "All-Star Batman y Robin" de Frank Miller y Jim Lee y te preguntes un par de cosas. O tres.
Por ejemplo: ¿cuántos guionistas de comic llamados Frank Miller existen realmente? Porque, honestamente, yo no soy tan crédulo como para asumir alegremente que este Frank Miller que firma una de las peores interpretaciones del señor de la noche de las que tengo constancia sea el mismo que en la década de los 80 escribió dos de las obras que contribuyeron a definir la actual imagen del hombre murciélago, las impresionantes "El regreso del caballero oscuro" y "Año uno". El tipo que haya escrito "All-Star Batman y Robin" no puede ser tampoco el mismo que en su momento parió "Ronin", "Elektra asesina", "Elektra lives again" o la que probablemente sea la mejor historieta jamás publicada bajo el sello Marvel, "Daredevil: born again". Qué va.
No acaban ahí las preguntas, porque ¿de dónde demonios proviene la inmerecida fama de gran dibujante que acompaña desde hace años a Jim Lee? No tengo nada personal contra el artista coreano, pero lo cierto es que su dibujo anatómicamente monstruoso (¿nadie se ha fijado en la Canario Negro con dos manos izquierdas del número 3?) y su narrativa atroz no se merecen más que mi total indiferencia, por eso de que la aversión requiere un mínimo esfuerzo intelectual.
Entonces, ¿por qué "All-Star Batman y Robin" ha sido un total éxito de ventas (e incluso ha agradado a no pocos fans) mientras el maravilloso "All-Star Superman" (la comparación es obvia, pues ambos títulos salieron a la par bajo la misma iniciativa "All-Star") de Grant Morrison y Frank Quitely es frecuentemente bajado del pedestal por quienes lo consideran una tomadura de pelo?
Es una suerte, claro está, que no todos los tebeos de súper-héroes se parezcan a la aberración perpetrada por Miller y Lee. También hay ejemplos de títulos bien escritos y dibujados que, sin aportar ninguna novedad especialmente significativa al género, consiguen satisfacer las expectativas de cualquiera que busque pasar un rato divertido y emocionante en un universo de ficción y fantasía.
Tal es el caso de la etapa guionizada por Geoff Johns en la serie "Green Lantern", aún en curso y con visos de pasar a la historia como una de las más sólidas y entretenidas en la trayectoria del personaje.
Partiendo de una más que digna resurrección de Hal Jordan, el Green Lantern más querido por los fans (aunque no el original, ése sería Alan Scott), Johns se las ingenia para reescribir la continuidad de sus aventuras pretéritas expandiendo incansablemente su mitología y desarrollando una saga de proporciones cósmicas que no pierde el foco en los personajes y sus motivaciones. Pese a la irregularidad que conlleva una serialización a largo plazo, el guionista entrega un relato bien construido y, sobre todo, enormemente disfrutable tanto para neófitos como para conocedores de las aventuras más añejas del personaje, logrando algunos momentos de genuina épica súper-heroica (como en la estupenda "Guerra de los Siniestro Corps").
Además, la parte gráfica corre a cargo de dibujantes tan capacitados como Ethan Van Sciver, Carlos Pacheco o el espectacular Ivan Reis (cuyo trazo recuerda a Alan Davis o Bryan Hitch), logrando una relación entre guión y dibujo ciertamente satisfactoria.
Por todo ello, y a falta de leer el tercer gran acto de su macrosaga (el evento titulado "La noche más oscura"), el "Green Lantern" de Geoff Johns es uno de los tebeos del universo DC que más alegrías está dando actuamente al personal.
Con todo, si hay un comic de super-héroes que últimamente ha conseguido llevarme al huerto ha sido la saga de "El viejo Logan" que el guionista Mark Millar y el dibujante Steve McNiven han desarrollado en las páginas de la serie protagonizada por el mutante favorito de medio mundo friki: Lobezno.
Ambientada en un futuro post-apocalíptico donde los súper-villanos ganaron la batalla definitiva contra los héroes (y profundamente inspirada en el "Sin perdón" de Clint Eastwood), "El viejo Logan" nos presenta a un Lobezno que ya no responde a su nombre de guerra y que ha jurado no volver a sacar sus célebres garras de adamantium nunca más. Casado y con dos hijos, ahora vive en una California gobernada por el clan Hulk, una familia de aberraciones endogámicas descendientes de Bruce Banner que aterroriza a los humanos al más puro estilo "Las colinas tienen ojos". Será la necesidad de pagar una deuda económica contraída con semejantes monstruos lo que obligará a Logan a aceptar el trabajo de acompañar a su amigo ciego Ojo de Halcón en un viaje por la Amérika (con K) gobernada por los villanos, transportando un misterioso maletín hasta la antigua Washington (ahora conocida como Nueva Babilonia).
Desde luego, "El viejo Logan" no va a revolucionar el Noveno Arte, pero desde un buen principio queda claro que tampoco lo pretende. Mark Millar siempre ha sido un guionista de ideas simples pero bien desarrolladas, muy capacitado para los diálogos divertidos y la caracterización de personajes con sólo cuatro pinceladas. Bueno, y para escribir unas escenas de acción que quitan el hipo. Steve McNiven, por su parte, es un dibujante visualmente muy potente que saca lo mejor de sí mismo a la hora de coreografiar los momentos de violencia y destrucción.
Se deduce de la colaboración entre ambos autores que este "El viejo Logan" es, ante todo, una de las mayores ensaladas de hostias que recuerdo haber leído en un tebeo Marvel. Y también, posiblemente, uno de los tres o cuatro mejores tebeos protagonizados por Lobezno que han caído alguna vez en mis manos.
El último número (publicado esta semana en nuestro país) me ha dejado, con sus referencias al tito Clint y a cierto manga histórico que todo lector de comics debería conocer, una sonrisa enorme en el careto que vuelve a asomar cada ver que releo las últimas páginas.
Al fin y al cabo, esto es Lobezno en estado puro.
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Esto va de comics
Skunk Anansie, directos a la división de honor

El jueves pasado tuve la suerte de poder asistir al único concierto en España de la actual gira de Skunk Anansie con motivo del lanzamiento de su disco de grandes éxitos "Smashes and trashes".
Servidor conoció al grupo liderado por la carismática Skin gracias a la convivencia diaria en una residencia de estudiantes pontevedresa con Home de Xeo, inamovible e incondicional fan de la banda británica. No obstante, Skunk Anansie nunca había sido uno de mis grupos de referencia, sino más bien una de esas presencias constantes pero sutiles a las que acabas acostumbrándote y cogiendo cariño a fuerza de escuchar sus canciones una y otra y otra vez (y, tratándose de Xeo, puede que incluso una o dos veces más, jejeje).
Debo reconocer que esa percepción de "grupo menor" ha cambiado después del recital enérgico y contundente que la banda dio el otro día en la sala La Riviera de Madrid.
Tras el paso por el escenario de unos muy olvidables teloneros (llamados The Chemists) y después de una espera exageradamente larga y cansina, la salida a escena de Skin y cía. produjo en el personal asistente un subidón de adrenalina y buen rollo inmediato y espectacular, en parte debido a la sabia decisión de comenzar el recital con un trallazo del calibre de "Selling Jesus", a la que inmediatamente después siguieron "Charlie big potato" y la reciente "Because of you", casi tan buena en su versión de estudio como en el directo.
A partir de ahí, lo cierto es que el público sólo tuvo ojos y oídos para Skin. La vocalista es una jodida fiera, una bestia parda, un hipnótico huracán que no cesa de bailar, interpretar y encandilar con su magnetismo de pantera salvaje y su voz torrencial. Tanto da que se enfrente a una balada intimista como a un cañonazo con reminiscencias metal, la alter ego de Deborah Dyer se pasea por el escenario como una apisonadora sobre un campo de amapolas. Si a eso le sumamos que La Riviera parecía estar llena a rebosar de auténticos adoradores de la banda, el ambiente no podría haber sido mejor. De hecho, en un momento dado se produjo una ovación por parte del público como servidor nunca había visto y oído en un recinto de esas condiciones (no es lo mismo ir a ver a una banda llena-estadios que a un grupo habituado a las salas). Un 10 para el público, sin duda.
Entre tanta euforia sigue habiendo espacio para las quejas. Personalmente, el concierto me pareció demasiado breve (ya sé que hora y media viene siendo lo habitual, pero lo habitual no implica que uno se quede satisfecho) y, pese a que sonaron casi todos los temas que se esperaba que hiciesen acto de presencia, yo eché de menos mi canción favorita del grupo, "Tracy's flaw". Sé que no es una de las composiciones más emblemáticas de la banda, pero siempre me ha parecido de lo mejorcito de su repertorio.
De todos modos, pequeñeces como ésa no pueden empañar el hecho de que los fulanos de Skunk Anansie no sólo han demostrado tener un directo arrollador, sino que se han ganado por derecho propio una consideración muchísimo mayor en mi particular escala de valores musical.
Cosa que, por otro lado, seguro que a ellos no les quita el sueño...
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Esto va de canciones, conciertos
lunes, noviembre 02, 2009
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Pues yo, qué quereis que os diga, no veo tanta diferencia entre esto y esto...
(...salvo el sentido del humor, claro...)
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sábado, octubre 31, 2009
...en pequeñas dosis...
"(...)
Glacies have melted to the sea
(Things have gotten closer to the sun)
I wish the tide would take me over
(And I've done things in small doses)
I've been down onto my knees
(So don't think that I'm pushing you away)
And you just keep on getting closer
(When you're the one that I've kept closest)
Go slow..."
[Creo que si hay un debut que voy a recordar en este 2009 es el de The XX (el disco se titula igual). Hay en sus canciones casi minimalistas un componente extrañamente adictivo, presumiblemente naïf y rematadamente melancólico que me tiene totalmente prendado. Es un álbum que a la primera escucha te deja totalmente indiferente y que con cada nueva revisión va ganándose un hueco mayor en tu córtex cerebral. Pese a que no me gustan las etiquetas, supongo que la mejor forma de describir lo que hacen The XX es "pop íntimo dialogado". Total, que la presentación en sociedad de estos criajos londinenses va camino de convertirse en uno de mis discos del año y "Crystalised" (cuyos versos abren la entrada) en una de las canciones a incluir en los no-sé-cuántos próximos discos que grabe a amigos, familiares y conquistas. "Temazo", como versa mi muletilla.]
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Esto va de canciones
La pérdida y el recuerdo
Mientras me ponía al día con mis lecturas pendientes (literarias, se entiende, que no sólo de viñetas vive el hombre), mi amigo Link llamó a mi puerta (bueno, creo que la escena se produjo en una acera de Gran Vía, pero para el caso es lo mismo) con un libro bajo el brazo. Para mí, quiero decir. Se titulaba "El mar" y lo firmaba John Banville, escritor al que desconocía totalmente, pero que al parecer goza de bastante prestigio en su Irlanda natal. De hecho, es frecuentemente comparado con Nabokov (que ya sé que no es irlandés, pero eso no viene al caso). Teniendo en cuenta que las recomendaciones literarias de Link son para mí palabra de Dios (te alabamos Señor), dejé a un lado lo que estaba leyendo (nada importante, seguro) y me tiré de cabeza al mar de Banville.
Como yo no he leído nunca a Nabokov (ignorante como soy), no puedo desmentir o confirmar el halago que antes comentaba, pero lo que sí estoy en condiciones de afirmar es que Banville escribe con una precisión y una riqueza léxica apabullante, consiguiendo constantemente que uno tenga la certeza de que tal o cual frase por él escrita no podría haberse expresado de una manera más conveniente/contundente/perfecta. Cada término empleado en "El mar", ya sea la más común de las palabras o la más rebuscada denominación, parece haber sido escrutado exhaustivamente, como si hubiese pasado el más estricto control de calidad literaria antes de quedar definitivamente ubicado entre los vocablos inmediatamente anterior y posterior. A poco que algo se cambiase en la obra (una coma, una palabra sustituida por un sinónimo frecuente), el conjuro de Banville dejaría de tener efecto.
Se deduce de ello que "El mar" es, ante todo, una obra formalmente remarcable. Tanto, que requiere de una lectura lenta y degustativa, sin preocuparse por avanzar en la trama (o en el número de páginas leídas), saboreando cada párrafo, cada pequeña y certera reflexión que su protagonista, Max Morden, deja caer desde su particular ejercicio de memorística. Porque "El mar", básicamente, habla sobre la pérdida y el recuerdo.
Max ha perdido a su mujer (no, no la ha perdido: el cáncer se la ha arrebatado) y, desconsolado, solo y desubicado en lo poco que le queda de vida (poco en cantidad, no en tiempo), decide acudir a uno de los lugares de su infancia (un pequeño pueblo costero donde conoció a su primer amor) y allí dejarse mecer por los recuerdos e intentar comprender. Comprender algo, lo que sea, entre tanta oscuridad.
"El mar" no es una novela pensada para quienes busquen un argumento vibrante o una obra de evasión. En absoluto. Lo que sí ofrece es un retrato crudo y descarnado de una persona y sus sentimientos (aunque a veces sean horrendos, aunque a veces sean hermosos), de lo que supone adentrarse en el nebuloso terreno de los recuerdos (tanto los reales como los reinventados) y del inmenso vacío que conlleva la pérdida del amor de una vida: un sentimiento egoísta, imposible de racionalizar, que convierte a un hombre en un fantasma de sí mismo, arrastrado por una marea contra la que no se puede luchar (o tal vez sí, pero no ganar) y cuyo destino son las profundidades abisales del alma.
O sea, que tampoco es un libro precisamente alegre. Pero, con lo bien escrito que está, no es que eso importe demasiado.
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Esto va de libros
viernes, octubre 30, 2009
Morcillote
Será plagio, truño, videojuego u hostias en vinagre: lo que queráis. Pero lo cierto es que justo ahora he visto el primer trailer oficial de "Avatar" en el blog de Charlie y acabo de ponerme morcillote.![]()
De verdad.
De la buena.
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Esto va de cine
martes, octubre 27, 2009
A vueltas con "Los Soprano"

Resulta que a cuento de la reseña de "Los Soprano" que escribí hace unas semanas, uno de los moderadores de la excelente web www.lossoprano.tv (posiblemente la mejor y más completa página en castellano sobre la serie de David Chase) se puso en contacto conmigo para ofrecerme la oportunidad de contribuir en su ciberespacio con un artículo relacionado con Tony Soprano y su gente. Hace un rato recibí un e-mail confirmándome que el artículo ya está convenientemente colgado. Puede leerse aquí.
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1:59 AM
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Esto va de series de tv
lunes, octubre 26, 2009
El huevo cósmico de la madre loba
“(…)
Staggered along,
Intro the crowd,
Could not define,
She’s sitting down,
Beneath the crowd,
Drinking her wine.
And all along,
It’s another way out,
And all along,
It’s another way out,
They’re only lookng for the way out,
They’re only lookng for the way out.
(…)”
[Después de un debut sencillamente impresionante en el 2006, Wolfmother no las tenía todas consigo para repetir la gesta. Mucho se ha hablado del importante cambio en las filas de la banda (sólo permanece, de los componentes originales, el guitarrista y vocalista Andrew Stockdale), de una posible falta de inspiración (tras la publicación del tema “Back round”, primer adelanto del disco que hoy nos ocupa) y, como viene siendo habitual últimamente, del síndrome de “debut-que-te-cagas-y-para-de-contar” (¿alguien se acuerda ya de Block Party?). Total, que entre unas cosas y otras por fin ha llegado a mis manos (bueno, a mi disco duro) el nuevo trabajo de los australianos, titulado “Cosmic egg”. Aunque no es un disco tan redondo como el primer álbum del grupo (pero claro, aquel era uno de los 5 ó 10 mejores primeros discos de la década), lo cierto es que “Cosmic egg” no me ha decepcionado. Ninguna de las nuevas canciones llega al nivel de “Where eagles have been”, “Joker & the thief” o “Mind’s eye”, pero Stockdale y cía (la nueva cía, quiero decir) han entregado unos cuantos temas estupendos, encabezados por el single “New moon rising” o este “In the castle” (sorry, no video) cuyos versos abren la entrada. Para mí, la más rotunda confirmación de que Wolfmother no está en absoluto derrotado. Sigue en plena forma, haciendo lo que mejor sabe hacer: rock.]
[Perdón: ROCK.]
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Jero
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11:46 PM
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Esto va de canciones
