jueves, septiembre 18, 2014

Jailhouse rock

Tengo un cuelgue importante con “Orange is the new black”, la serie que emite en streaming Netflix, empresa californiana de difusión de contenidos audiovisuales en internet, y que en España puede verse a través de Canal + o, lógicamente, de tu página favorita de descargas o visionado online. Aprovechando mis vacaciones (en septiembre, cuando casi todos habéis vuelto ya al trabajo... si es que lo tenéis, que ya sabemos lo bien que está el tema), me estoy pegando un importante atracón con los 26 episodios emitidos hasta el momento, distribuidos en dos temporadas de 13 capítulos cada una.


Comencé a ver “Orange is the new black” por dos razones:

1) Para comprobar si la altísima calidad de “House of Cards”, la única serie de Netflix que había visto hasta la fecha, era algo casual o podíamos estar ante el ascenso de otra plataforma con capacidad para competir cualitativamente con HBO, AMC y (en menor medida) Showtime. Pero sobre todo porque

2) David Simon (a.k.a. El creador de la mejor serie de la historia de la TV y si no piensas igual es porque aún no has visto “The Wire”) dijo que "hay una serie ahora en Netflix llamada "Orange is the new black" que es genial. Es de Jenji Kohan y la verdad es que ella hace un trabajo genial, es muy inteligente". Y si lo dice David Simon hay que verla. Indeed.


Kohan, creadora de “Weeds”, se inspiró en la novela autobiográfica de Piper Kierman para narrar la historia de su homóloga catódica, Piper Chapman, prototipo de neoyorkina WASP de buena familia que acaba entre rejas, apenas unos meses antes de su boda con el bienintencionado y pusilánime Larry, como consecuencia de ciertas actividades ilegales cometidas durante una “época loca” al terminar la universidad: para sorpresa de su prometido y de las familias de ambos, Piper tuvo en su momento un apasionado romance lésbico con una narcotraficante para la que ejerció puntualmente de mula.


Posiblemente la trama relativa a Piper sea la más predecible y genérica en “Orange is the new black”. Quizás porque su personaje es un poco cargante al principio, con sus aires de Reese Witherspoon sabelotodo, o porque su familia y amigos, los que se han quedado fuera siguiendo con sus vidas, son una panda de gilipollas egoístas. Gente bastante normal, en realidad, pero que cae mal porque sus problemas son pura chuminada comparados con los de las reclusas de la penitenciaría de Litchfield. Que el episodio piloto no desanime a nadie: en cuanto la serie termina con las presentaciones preliminares y comienza a indagar en el funcionamiento interno de la prisión, el protagonismo se difumina y “Orange is the new black” se convierte en un divertidísimo fresco sobre el día a día en un centro correccional femenino.


La estructura narrativa de los capítulos, con flashbacks dedicados al pasado de las reclusas (al más puro estilo “Lost”), refuerza la sensación de coralidad y consigue que uno empatice rápidamente con las compañeras de presidio de Piper. Sus tragedias personales, que rara vez tienen una relación directa con el delito por el que cumplen condena, unidas a su inagotable voluntad para buscar la felicidad incluso tras las rejas, son el auténtico motor de la serie. El contrabando, la segregación racial, las relaciones sexuales entre convictas, la maternidad en prisión, las dinámicas de poder e incluso el culto religioso son algunos de los temas abordados por Kohan y sus guionistas; siempre desde un punto de vista humorístico, a veces kafkiano, aunque sin perder de vista la humanidad de sus personajes y el drama, muy serio, que representa su vida en presidio. Pero no sólo las reclusas son protagonistas de la acción: los carceleros, habitualmente más brutales y despóticos que las propias internas (pero “también personas”, como le gusta recordar al asistente de alcaide Caputo), son una parte fundamental de la ecuación que convierte a “Orange is the new black” en una mezcla tan exitosa.


Hay en ella un equilibrio muy delicado entre la risa y la emoción, entre el culebrón más adictivo y la sociología más ilustrativa, todo ello presentado de una forma muy amena y ligera que facilita que uno pueda ver dos o tres capítulos seguidos sin empacharse o sentirse fatigado, pese a que la serie proponga muchas ideas con bastante más enjundia de lo que inicialmente aparenta. Un equilibrio que hace de “Orange is the new black” una recomendación infalible para casi cualquier tipo de espectador... siempre que uno no tenga reparos en contemplar un par de escenas explícitamente lésbicas por capítulo o en saber a ciencia cierta que sus responsables son gente tirando a liberal, con muy poco aprecio por los fanatismos religiosos, la homofobia y el machismo más recalcitrante. Gente inteligente, la llamo yo.

viernes, septiembre 12, 2014

Across the Universe

No existe asomo de duda, para un servidor, de que Image ha sustituido al sello Vertigo de DC Comics como la editorial más interesante del actual tebeo estadounidense. Este relevo no es sólo temático o de público objetivo (que también), sino que se manifiesta de forma muy concreta en un trasvase de autores (guionistas, en particular) que han pasado de publicar sus trabajos más personales en la filial de DC a hacerlo en la casa que coordina el editor Eric Stephenson. Tan llamativo como el caso de Jason Aaron, que tras la finalización de su superlativa "Scalped" prefirió que su siguiente serie de creación propia, "Southern Bastards", viese la luz con el logo de Image en portada, lo es el de Brian K. Vaughan, autor de las celebradas "Y, el último hombre" y "Ex Machina".


Vaughan lleva más de dos años triunfando en EE.UU. con la publicación para Image Comics de "Saga", colección regular con visos de eternidad (el propio guionista confía en superar la numeración de "The Walking Dead") que hace unas semanas se hizo con tres de los cuatro premios Eisner a los que estaba nominada: mejor guionista (para Vaughan), mejor artista multimedia (para la ilustradora Fiona Staples) y mejor serie regular. El triunfo se repitió hace 6 días en los premios Harvey, en los que "Saga" se llevó los galardones a mejor guionista, dibujante, portadista (la propia Staples) y serie. ¿Es merecido el revuelo? La respuesta, después de una breve sinopsis.


La historia de "Saga" comienza con el nacimiento de Hazel, narradora muchos años después (texto en off mediante) del romance prohibido de sus padres, Marko y Alana, soldados de dos ejércitos enfrentados en una guerra intergaláctica que lleva asolando el cosmos desde hace generaciones. La existencia de Hazel, un caso de mestizaje sin precedentes en la historia de las dos razas en conflicto, será tomada por ambos bandos como una potencial crisis propagandística, lo cual conducirá a una incansable persecución de la recién formada familia a lo largo y ancho del universo. De la combinación de la space-opera más aventurera con las complicaciones de una tragicomedia familiar surge el mayor atractivo de "Saga", una narración inspirada en la paternidad del propio Vaughan.


En realidad, lo que el guionista de Cleveland propone no es especialmente original ("Romeo y Julieta" + "Star Wars" + "How I met your mother"), pero la forma en que lo articula resulta audaz y divertida, presentando en un entorno de ciencia-ficción (con sus consabidos planetas exóticos, razas alienígenas y tecnología futurista) una historia casi costumbrista, con diálogos ágiles (y malhablados y picantes) que la mayoría de las veces suenan como lo harían en un genuino slice of life ambientado en el siglo XXI del mundo real.


Esta cercanía por parte de unos personajes a priori tan ajenos al lector (Marko tiene cuernos de cabra y formula hechizos mágicos en esperanto; Alana posee unas pequeñas e insectoides alas vestigiales) logra que uno empatice rápidamente con los protagonistas y disfrute tanto con su romántica y chapucera huida a través de las estrellas como con la persecución a la que un engolado miembro de la realeza robot y un cazarrecompensas con el corazón roto (y su tronchante ayudante felina) los someten.


La encargada de plasmar todo esto en viñetas es Fiona Staples, artista canadiense muy capacitada para el diseño de caracteres y para la expresividad facial y corporal, que toma aquí la arriesgada decisión de entintar solamente los personajes, definiendo los escenarios únicamente mediante el uso del color. El resultado es atípico y tiene entre el fandom tantos detractores (que acusan la sensación de que los personajes flotan, poco integrados, sobre los fondos) como defensores (que enuncian la agilidad y frescura del trazo, idóneo para la historia narrada). A mí personalmente me gusta mucho lo que Staples hace en esta serie, aunque no me parece superior al trabajo de otros dibujantes (David Aja, Paul Pope, Matteo Scalera, Steve Epting...) que optaban, o deberían haber optado (en mi opinión), a los premios Eisner y Harvey de este año. Lo que sí es objetivable es la ventaja más inmediata de este económico método de trabajo: "Saga" lleva más de 20 números publicados sin haber recurrido a ilustradores sustitutos, ofreciendo un resultado global coherente y uniforme, ahorrando al lector esos molestos bailes de dibujantes que tanto daño hacen habitualmente a los títulos de Marvel y DC.


Para asegurar esta continuidad en el tándem guionista/dibujante, la colección se beneficia además del modelo de publicación que ya se ha convertido en norma en Image: entre un arco argumental y el siguiente la serie se toma un pequeño respiro (de 2 ó 3 meses) para permitir a sus responsables trabajar sin las presiones de las exigentes fechas de entrega habituales en el mercado norteamericano, cubriendo este lapso temporal con la edición de un tomo recopilatorio en tapa blanda que recoja el último arco publicado a un precio bastante asequible. Para los coleccionistas más exigentes, en EE.UU. ya está anunciada para finales de noviembre una recopilación que reunirá los 18 primeros números de la colección, además de una gran cantidad de extras, en un lujoso (y voluminoso) tomo. En España esos 18 comic-books, que funcionan a modo de primera temporada televisiva, han visto la luz de la mano de Planeta de Agostini en tres libros en cartoné (correspondientes a los tres primeros recopilatorios yankis en tapas blandas) que se leen de maravilla del tirón, tal y como lo he hecho yo esta semana aprovechando que me los han regalado por mi último cumpleaños. La diferencia de precio entre las ediciones estadounidense y española, así como la decisión de Planeta de apostar por el cartoné en la primera edición de una colección tan reciente, es materia para un debate totalmente distinto...


"Saga" es un tebeo bien escrito, quizás el mejor trabajo de Vaughan hasta la fecha, con un sólido y personal apartado gráfico, en el que sus dos responsables trabajan con ilusión manteniendo una media de calidad muy elevada. Un muy buen comic, en resumen. Ahora bien: ¿es realmente la mejor serie regular que se publica actualmente en EE.UU.? Posiblemente no. Títulos como "Velvet", "Zero", la mentada "Southern Bastards" o "Sex Criminals" me gustan tanto o más que "Saga". Lo cual no es óbice para que la colección escrita por Vaughan y dibujada por Staples se haya convertido irremediablemente en compra obligada cada vez que Planeta ponga en circulación un nuevo volumen recopilatorio... como sucede con tantas otras cabeceras publicadas hoy en día por Image Comics, una editorial que ya se ha convertido para mí en sinónimo de calidad.

miércoles, septiembre 03, 2014

Awesome Mix Vol. 1

A toro pasado y con las cifras de recaudación delante es muy fácil sacar conclusiones sobre el éxito de “Guardianes de la Galaxia”, pero lo cierto es que el riesgo en la apuesta de Marvel Studios con esta película sólo tenía un precedente: la primera cinta de “Iron Man” dirigida en 2008 por Jon Favreau, y que dio origen al fenómeno cinematográfico marvelita. Y tal vez ni eso, porque no es lo mismo tener a Robert Downey Jr. (que por aquel entonces no era la super-estrella que es hoy, pero sí un actor de cierto prestigio) interpretando a Tony Stark (personaje poco conocido por el gran público, pero muy querido por una base de fieles lectores de tebeos), que a Chris Pratt, Zoe Saldana y Dave Bautista (Vin Diesel y Bradley Cooper sólo prestan su voz) dando vida a un grupo de héroes absolutamente secundarios dentro de la mitología de la editorial, apenas conocidos incluso por lectores con miles de viñetas a sus espaldas (como es mi caso).


Para más inri, estos Guardianes ni siquiera son los originales, creados por Arnold Drake y Gene Colan en 1969, sino la encarnación más reciente del equipo, reunida por Dan Abnett y Andy Lanning en 2008, y que actualmente goza de una coyuntural colección regular, mejor dibujada (por Sarah Picchelli y Nick Bradshaw) que escrita (por Brian Michael Bendis). Pero, pese a un reparto (a priori) discreto, a un director sin un gran éxito precedente (su anterior film, “Super”, ni siquiera se estrenó en los cines españoles) y a estar protagonizada por unos personajes que casi nadie conoce, “Guardianes de la Galaxia” ya es la película más taquillera del 2014 en EE.UU., y lleva más de 500 millones de dólares recaudados a nivel mundial.


Las razones de este triunfo comercial pasan, tal y como apunta Octavio Beares en su acertada reflexión, por la imagen de marca: el logo de Marvel, la sola mención del nombre de la compañía, vende. Hasta el punto en que, pasado el esperadísimo estreno en 2015 de “Los Vengadores: la Era de Ultrón” (que lo va a petar, no hace falta ser adivino para saber eso), estoy convencido de que tanto “El Hombre Hormiga” como “Doctor Extraño” serán sendos taquillazos por la misma razón; porque formarán parte de la filmografía de Marvel Studios (irregular, cierto, pero con unas coordenadas artísticas y comerciales muy claras) y el público, tanto el lector de comics de toda la vida como el que nunca ha hojeado un tebeo de Thor o del Capitán América, está encantado con este universo cinematográfico y con sus múltiples ramificaciones y secuelas. De hecho, a estas alturas a Marvel lo de publicar comics se la debe traer bastante floja, vistas las cifras de ventas de sus cabeceras y el número de espectadores que pasan por caja en el estreno de sus películas.


Como cinéfilo, sin embargo, el éxito o el fracaso comercial de “Guardianes de la Galaxia” es algo que no me quita el sueño. Lo que me concierne en última instancia es que la película me dé lo que le pido a esta clase de producto: mucha acción, muchas risas, buenos efectos especiales, unas gotas de épica y un poco de ternura. Y ahí, “Guardianes de la Galaxia” cumple.


La película narra la primera aventura conjunta de unos forajidos estelares de medio pelo, a caballo entre la tripulación de la Serenity (no es casual que Joss Whedon sea el gran hombre de Marvel Studios a nivel creativo) y los contrabandistas galácticos de George Lucas (la relación Rocket/Groot bebe directamente del modelo Han Solo/Chewbacca), reunidos por una carambola del destino en torno a un artefacto de poder inimaginable (Arca de la Alianza style) que diferentes facciones están buscando por todo el Universo. El diseño de producción remite por momentos al “Star Trek” de J.J. Abrams (sobre todo en la parte que transcurre en el planeta Xandar), y el héroe principal de la función, Peter Quill, es un aspirante a Indiana Jones (con mucho del Philip J. Fry de “Futurama”) que vive inmerso en la nostalgia por los años 80 de su infancia robada. Lo cual justifica, por cierto, una de las selecciones musicales más bizarras y divertidas que se recuerden en una película de ciencia-ficción, alcanzando niveles tarantinianos de delirio pop.


Awesome Mix: ensalada de referencias, ninguna especialmente original, que cristalizan en un guión que se toma muy poquito en serio a sí mismo (difícil que fuese de otra manera, cuando uno de los personajes más carismáticos del film es un mapache parlanchín), y que podría haberse precipitado directamente al abismo del ridículo si no fuese porque James Gunn afronta la escritura del libreto y la dirección el film como un trabajo autoral, unificando elementos bajo un sello personal (o todo lo personal que puede ser un proyecto gestado bajo las directrices de Marvel Studios) y haciendo que el conjunto funcione como un reloj suizo. O casi: porque, pese al entusiasmo, hay un par de aspectos de “Guardianes de la Galaxia” que no me terminan de convencer.


En su intento de encajar la cinta en la cronología global del universo cinematográfico marvelita, Gunn presenta a un villano unidimensional (Ronan el Acusador) siempre a la sombra de la gran amenaza encarnada por Thanos (que asume aquí el rol pasivo del Emperador Palpatine en “El imperio contraataca”), y se queda corto a la hora de contarnos quiénes son estos malosos tan temibles y por qué actúan como actúan. Yo, como lector de tebeos, conozco a Thanos, Ronan y (en menor medida) a Nébula, pero al espectador que no ha tenido contacto previo con la rama galáctica de los comics Marvel la información ofrecida (los Kree, los Nova Corps, los Celestiales, las Gemas del Infinito...) podría parecerle confusa. Y no debería ser así, en la medida en que “Guardianes de la Galaxia” se postula como la más autocontenida de las cintas de Marvel Studios desde la mentada “Iron Man” de 2008.


Tampoco tengo claro que cualquier espectador ajeno a la mitología marvelita vaya a entender los motivos de la abducción de Peter Quill por parte de Yondu y su tropa de saqueadores: es algo que se merecía un mínimo flashback explicativo (otro más, quiero decir), al igual que la infancia de Gamora, pero cuyos motivos apenas se dejan entrever en un par de diálogos. Para eso están las secuelas, dirá alguno, pero yo no me quejo tanto de que la información sea insuficiente (lo es en la medida en que está dosificada intencionadamente) como de que los datos que sí están ahí no están todo lo bien presentados que deberían.


Son fallos menores, y perfectamente olvidables cuando la peli se mete en harina (los chistes, las explosiones, los hits musicales de los 70 y 80), en un conjunto tremendamente ágil: dos horas de metraje totalmente magras, repletas de frases divertidas, escenas de acción bien rodadas (algunas mejor que otras, es cierto) y personajes carismáticos (difícil elegir un favorito entre los cinco tripulantes de la Milano... bueno, vale, Groot). Y en medio de todo ello, dos momentos dramáticos muy potentes que elevan al film desde su autoconsciente condición de parida galáctica de gran presupuesto hasta inesperados niveles de emoción y lirismo.


Al igual que “Capitán América: el Soldado de Invierno” hace unos meses, “Guardianes de la Galaxia” no es la mejor película de Marvel Studios hasta la fecha porque antes existió “Los Vengadores”, clímax indiscutible (por ahora) del fresco super-heroico de la compañía. Tampoco logrará hacerse con el título de blockbuster del verano, ya que compite con un film de ciencia-ficción (de intenciones muy distintas) que se me antoja superior: “El Amanecer del Planeta de los Simios”. Pero eso no significa que la película de James Gunn no haya cumplido con las toneladas de hype que su abrumadora campaña de marketing había logrado despertar. O que, no siendo la película perfecta, sí sea la que yo quería ver cuando pagué la entrada del cine.

viernes, agosto 29, 2014

Otros 10 comics todavía inéditos en España que estoy leyendo en formato digital

¿Recordáis cuando hace unos meses escribí una batería de reseñas con una decena de tebeos pendientes de publicación en nuestro país? Algunas de aquellas colecciones ya han concluido, otras prosiguen con muy buena salud y la mayoría no tienen todavía fecha de edición en España (aunque hay excepciones como "Black Science" y "The Wake", de próxima aparición en las librerías autóctonas).

El caso es que hoy traigo otra tanda de títulos, 10 nuevamente, que estoy siguiendo en inglés y en formato digital. Me gustaría constatar, además, que la aplastante mayoría de estas colecciones pertenecen a la editorial Image Comics. Teniendo en cuenta tanto estas cabeceras como otras que ya se están publicando en lengua española (como "Los Muertos Vivientes", "Invencible", "Saga", "Este del Oeste", "Fatale" o "Los Proyectos Manhattan") no me cabe la menor duda de que la editorial con el logo en forma de "I" es ahora mismo el mayor hervidero de creatividad en lo que respecta al comic comercial estadounidense, ocupando el trono que hace 15 años ostentaba el sello Vertigo de DC Comics.


Bedlam
Guión: Nick Spencer. Dibujo: Riley Rossmo, Ryan Browne. Color: Jean-Paul Csuka.
Image Comics. Serie abierta. 11 números publicados.


¿Por qué un lector veterano debería a estas alturas prestar atención a la enésima vuelta de tuerca del modelo "expeditivo super-héroe en ciudad decadente (a.k.a. Batman) contra mente maestra del crimen absolutamente depravada (a.k.a. Joker)"? Pues porque Nick Spencer, el creador de "Morning Glories" (esa otra serie de Image que Panini dejó colgada en España tras su tercer tomo recopilatorio), propone una de las reescrituras más salvajes, turbadoras y al mismo tiempo entretenidas del citado canon, y lo hace añadiendo una variación que da muchísimo juego: ¿qué pasa cuando Madder Red (nuestro sosias del Joker) se reforma, hipnosis y lobotomía mediante, y se convierte sin que nadie lo sepa en una suerte de asesor policial a lo Hannibal Lecter? De hecho, a partir de ese giro "Bedlam" se parece muy poco a lo que uno podría esperar de un tebeo de super-héroes y mucho a una versión (aún) más retorcida de las novelas de Thomas Harris, aderezada con elementos de "La naranja mecánica" de Burguess/Kubrick.


No se trata de un tebeo apto para todos lo estómagos, pero si uno disfruta con / es capaz de obviar la violencia física y psicológica más bestia que un servidor se haya encontrado en un comic comercial USA, encontrará en este "Bedlam" un título ingenioso, sorprendente y mortalmente adictivo. Ni siquiera el limitado dibujo de Riley Rossmo (en el primer arco argumental) y Ryan Browne (en el segundo) consigue rebajar mi entusiasmo, pues resulta de lo más adecuado (por turbador y feísta) para la historia que se nos narra en la colección.



Little Nemo: Return to Slumberland
Guión: Eric Shanover. Dibujo: Gabriel Rodríguez.  Color: Nelson Daniel.
IDW Publishing. Serie abierta. 1 número publicado.


¿Pero... pero esto qué es? ¿Una secuela de "Little Nemo in Slumberland"? ¿En serio? ¿Y por qué no "Centauros del desierto 2: desmadre en Texas" o la segunda parte de "Blade Runner"? (Oh, wait). Y sin embargo así es: "Return to Slumberland" supone un reencuentro con el universo fantástico creado en 1905 por Winsor McCay en uno de los comics más influyentes de todos los tiempos (a la altura de "The Spirit" de Will Eisner, "Príncipe Valiente" de Hal Foster y el "Youngblood" de Rob Liefeld). Y es una secuela. Ni reboot ni revisión ni leches: secuela. De hecho la trama gira en torno a la búsqueda por parte de los sirvientes del Rey Morfeo de un nuevo compañero de juegos para la hija del monarca. El elegido es James Nemo Summerton, que comparte nombre (parcialmente) con un antiguo amigo de la princesa del País de los Sueños. Curiosamente, debo reconocer que el primer número de "Return to Slumberland" me ha sorprendido en sentido positivo. Se trata de un tebeo profundamente nostálgico y respetuoso con el original, que remite de forma constante a las planchas de McCay, con pequeñas aventuras oníricas (de 2 ó 3 páginas) que terminan invariablemente con Nemo despertándose en una viñeta situada en la esquina inferior derecha, al tiempo que trata de desarrollar una trama general, sencilla y amable, que unifique el relato y presente progresivamente diversos aspectos y personajes del País de los Sueños.


Podría decirse que Eric Shanover, el creador de la colosal "La Edad de Bronce", ha hecho los deberes y ha optado por reproducir la inagotable imaginería onírica de McCay haciendo un mayor énfasis en la continuidad y presentándolo de forma atractiva para una nueva generación de lectores. A ello contribuye, de forma rotunda, el espectacular dibujo de Gabriel Rodríguez, quien ya había demostrado su capacidad para homenajear al clásico de principios del siglo XX en la deliciosa historia corta "Open the moon" (integrada en la colección "Locke & Key" co-creada por Rodríguez y Joe Hill). Lo diré de otro modo: asumiendo que NADIE ES McCAY, e independientemente del mejor o peor hacer de Shanover a los guiones, voy a continuar leyendo esta serie porque soy muy fan del dibujante chileno. Está claro que la importancia de esta nueva cabecera publicada por IDW será irrisoria en comparación con el destacado lugar que el primer "Little Nemo" ostenta en el Olimpo del Noveno Arte pero, pese a las cóleras que a buen seguro "Return to Slumberland" despertará entre algunos de los fans históricos del personaje, a mí el primer episodio escrito por Shanover y dibujado por Rodríguez me ha parecido un entretenido comic destinado al público infantil... y también a todos aquellos que seguimos siendo niños, tantos años después y a pesar de todo.



Nailbiter
Guión: Joshua Williamson. Dibujo: Mike Henderson. Color: Adam Guzowski.
Image Comics. Serie abierta. 4 números publicados.


La idea en torno a la cual se articula "Nailbiter" es por sí sola un gancho de lo más llamativo. Buckaroo es una pequeña ciudad del estado de Oregón tristemente célebre por ser el lugar de nacimiento de 16 de los más retorcidos asesinos en serie del último siglo: desde el infame Quemalibros ("Book Burner") hasta la más reciente celebridad local, el Muerdeuñas ("Nailbiter") del título, pasando por psicópatas tan extravagantes como El Asesino del Cine Mudo ("the Silent Movie Killer"), que mataba a quienes hablaban durante la proyección de una película, o La Rubia ("the Blonde"), que elegía a sus víctimas entre los machistas que la piropeaban por la calle. Cuando el policía Eliot Carroll desaparece mientras investiga los indicios que podrían explicar esta proliferación de maníacos en Buckaroo, su amigo Nicholas Finch, otro agente de la ley (en horas muy bajas), viajará con el fin de encontrarlo hasta el terrorífico enclave, convertido con el paso de los años en poco menos que un parque temático para periodistas oportunistas y turistas morbosos.


El ascendente escritor Joshua Williamson, creador de la serie "Ghosted" también para Image, plantea una historia muy entretenida, fresca a pesar de su escasa originalidad (de psycho-killers están el cine, las series de tv y los comics repletos), que tiene la virtud de no tomarse demasiado en serio a sí misma y de recurrir en igual medida al humor negro que al gore y el horror. El dibujante Mike Henderson mantiene el nivel gráfico en una aceptable mediocridad, sin comerse demasiado el coco con la puesta en página y las soluciones narrativas, y aunque "Nailbiter" no destaca especialmente ni por un guión vanguardista ni por un apartado visual sorprendente, el conjunto resulta tan desenfadado y adictivo que uno siempre se lleva una pequeña alegría cuando un nuevo número sale a la venta en EE.UU.



Outcast
Guión: Robert Kirkman. Dibujo: Paul Azaceta. Color: Elizabeth Breitweiser.
Image Comics. Serie abierta. 3 números publicados.


Tras pasarse la última década alegrándome la vida con sus guiones para "Los Muertos Vivientes" e "Invencible" (las dos cabeceras que iniciaron la profunda renovación del sello Image), el anuncio de una nueva serie regular creada y escrita por Robert Kirkman sólo podía ser recibido con ilusión y gran curiosidad. El argumento de "Outcast" nos presenta a Kyle Barnes, un hombre de mediana edad que pasa por una profunda depresión tras un trauma familiar vinculado con sucesos paranormales. Porque Kyle ha vivido desde niño rodeado de casos de posesiones demoníacas que lo atormentan por motivos desconocidos. Con la ayuda de un exorcista proletario, el reverendo Anderson, tratará de descubrir qué buscan de él estas presencias malignas que lo persiguen haciendo daño a sus seres queridos.


El propio Kirkman define "Outcast" como su intento más serio de hacer auténtico género de terror sobrenatural, y lo cierto es que la atmósfera malsana y la sobriedad en los diálogos y la caracterización de personajes le confieren un tono aún más oscuro que el de "Los Muertos Vivientes", que tiene más de slice of life postapocalíptico que de verdadero terror. Que Kirkman consiga su propósito (dar mal yuyu y que nos interesemos por la historia del protagonista desde las primeras páginas) tiene mucho que ver no sólo con su talento para plantar unos cimientos sólidos para un relato que se prevé de largo recorrido, sino también con el atmosférico dibujo de Paul Azaceta (con reminiscencias del Mazzuchelli de mediados de los años 80) y el elegante uso del color de Elizabeth Breitweiser. Si éste es el camino a seguir en las sucesivas entregas, le auguro a "Outcast" una exitosa trayectoria tanto a nivel cualitativo como comercial, además de una inevitable adaptación a la pequeña pantalla.



Southern Bastards
Guión: Jason Aaron. Dibujo y color: Jason Latour.
Image Comics. Serie abierta. 3 números publicados.


¡Hay que ver las ganas que le tenía a este comic! El guionista de la superlativa "Scalped", una de mis colecciones favoritas de la última década, presenta su nuevo proyecto de creación propia y retoma algunos de los aspectos que hicieron de las andanzas de Dash Caballo Terco y Lincoln Cuervo Rojo una lectura apasionante. En esta ocasión quien regresa a sus orígenes es Earl Tubb, un anciano que abandonó Craw County muchos años atrás y que vuelve a la casa en la que se crió para recoger unas pertenencias personales de su tío, confinado en un asilo. Lo que en teoría debía ser un viaje de un par de días se convierte en una estancia de duración indeterminada: al igual que su padre, el temible y difunto sheriff Bertrand Tubb, Earl tiene un serio problema a la hora de mirar hacia otro lado cuando se trata de corrupción e injusticia. Y Craw County (que no es un tipo de helado) resulta ser un recodo sin ley en el sur profundo de los EE.UU. particularmente corrupto.


Aunque las expectativas estaban por las nubes (al menos en mi caso), este primer arco argumental de "Southern Bastards" me está pareciendo una gozada. Su protagonista, una suerte de Lee Marvin musculoso ejerciendo de Gary Cooper en "Solo ante el peligro", es un dechado de carisma. La asfixiante atmósfera, el miedo palpable en la población de Craw County, parecen el contexto perfecto para que Jason Aaron saque a escena lo mejor (¿o es lo peor?) de su catálogo de personajes, lejos por fin de sus alimenticios trabajos super-heroicos para Marvel Comics. Y, no menos importante, la labor artística de Jason Latour no sólo está a la altura de la prosa del guionista, sino que la engrandece con su trazo expresivo, su narrativa ágil y su terrosa paleta cromática. Un must como una casa, vaya.



Supreme: Blue Rose
Guión: Warren Ellis. Dibujo y color: Tula Lotay.
Image Comics. Serie abierta. 2 números publicados.


Warren Ellis, el prestigioso creador de "Planetary" y "The Authority", retoma el personaje creado en los 90 por Rob Liefield, gloriosamente reinventado por Alan Moore en la década siguiente y continuado con escasa fortuna por Erik Larsen en 2012, y ofrece una vuelta de tuerca radical a sus conceptos fundacionales (un clon desvergonzado de Superman, para entendernos). Más allá del nombre de personajes y lugares, poco o nada se parece este "Supreme: Blue Rose" al trabajo de los autores precedentes. La ciencia-ficción de vanguardia que tanto fascina a Ellis sustituye al componente super-heroico hasta el punto de que el personaje que da nombre al tebeo apenas ha aparecido de refilón en una sola viñeta de los dos números publicados hasta el momento (y en su identidad secreta de Ethan Crane, para más inri).


El resto es misterio periodístico y onirismo críptico. O lo que es lo mismo: "Supreme: Blue Rose" me interesa por lo que tiene de incógnita, de "a ver qué se saca Ellis de la manga para explicar todo esto y conectarlo con las versiones anteriores de Supreme", pero es todavía muy pronto para saber si el resultado final estará a la altura de las enormes ínfulas de su planteamiento. Lo que no admite reproches es el trabajo gráfico de la ilustradora Tula Lotay: su estilo suelto, prácticamente abocetado, y su personalísimo uso del color convierten a "Supreme: Blue Rose" en una experiencia estética deliciosa.



The Fade Out
Guión: Ed Brubaker. Dibujo: Sean Phillips. Color: Elizabeth Breitweiser (la misma, sí, que en "Outcast").
Image Comics. Serie abierta. 1 número publicado.


¿Cuántos números necesito para saber que "The Fade Out" es una de las nuevas series a seguir con interés? Ninguno. El nombre de sus autores en la portada es más que suficiente para anticipar qué puede uno encontrar en este tebeo. Por suerte Brubaker y Phillips, el celebrado equipo artístico de melocotonazos como "Sleeper", "Criminal" y "Fatale", ofrecen en este primer proyecto de su contrato en exclusiva con Image Comics lo que yo espero de ellos: serie negra canónica y artesanal, escrita con brillantez e ilustrada con innegable talento. En esta ocasión el argumento nos sitúa en el Hollywood de los años 40, en el que la caza de brujas y las fiestas desmadradas en las mansiones de las estrellas sirven de contexto para el clásico "whodunit": tras una de estas multitudinarias celebraciones repletas de alcohol y sexo, la actriz emergente Val Sommers aparece estrangulada. El protagonista del relato, el guionista de cine Charlie Parish, despierta junto al cadáver con una resaca de mil demonios y un vacío en su memoria que cubre la mayor parte de la noche anterior.


A estas alturas de su carrera Bru y Phillips funcionan como una única fuerza creativa, y eso se traduce en una simbiosis de guión y dibujo sencillamente perfecta, hasta el punto de que cada nueva obra suya no hace sino refinar su sobriedad narrativa y pulir su sentido del ritmo. Soy consciente de que la absoluta ausencia de novedades tanto argumentales como formales puede desilusionar a más de uno, pero si se sabe entender "The Fade Out" como lo que es (una historia de "Criminal" ambientada en la era dorada de Hollywood) es imposible que nadie salga decepcionado.




The Multiversity
Guión: Grant Morrison. Dibujo y color: Varios autores.
DC Comics. Serie limitada de 2 números, más 8 one-shots más o menos autoconclusivos ubicados entre uno y otro (suena raro, pero así es). 1 número publicado.


Al igual que "The Fade Out", "The Multiversity" es otro de esos títulos que ya tenían mi interés ganado de antemano, tanto por los nombres de los autores implicados como por la propia naturaleza del proyecto. Retomando algunos de los elementos más atractivos de "Los Siete Soldados de la Victoria" y de "Crisis Final", el lisérgico guionista escocés Grant Morrison nos lleva de viaje por las 52 realidades paralelas surgidas como consecuencia de "Crisis Infinita", uno de tantos crossovers DCeros que pusieron la continuidad de la editorial patas arriba cuando se suponía que debían arreglarla: la misma cantinela que viene repitiéndose desde mediados de los años 80 de forma cíclica en la empresa que publica las aventuras de Batman y Superman. No obstante, si de todo esto Morrison obtiene el material necesario para concebir una epopeya de la escala insinuada en el primer número de "The Multiversity", no seré yo quien se queje. El plan del guionista de "Doom Patrol" y "Los Invisibles" es publicar 8 one-shots autoconclusivos de 48 páginas, cada uno dibujado por un artista de primera magnitud y dedicado a una tierra paralela distinta, además de dos números de una cabecera central (la titulada simplemente "The Multiversity") que sirvan como elemento cohesivo para una trama que implique tangencialmente a los diferentes planos de realidad. A priori, el episodio de "The Multiversity" que más me llama la atención es el que verá la luz en noviembre bajo el epígrafe de "Pax Americana", y que reunirá al equipo creativo de "All-Star Superman" (el propio Morrison y el dibujante Frank Quitely) en una reinterpretación de los personajes de Charlton Comics que en su día sirvieron de inspiración a Alan Moore para "Watchmen". Las páginas de "Pax Americana" vistas hasta ahora en la red no podrían tener mejor pinta.


Por el momento, el único capítulo publicado de "The Multiversity" supone una generosa dosis de conceptos morrisonianos que ofrece al lector una sorpresa al girar cada página, además de un ejercicio de genuina épica super-heroica ilustrado con primor por el artista que mejor ha entendido las enseñanzas del maestro Alan Davis: el talento de Ivan Reis parece no tener techo, y lo que hace en este primer episodio de "The Multiversity" no tiene nada que envidiar a las detallistas congregaciones de héroes ilustradas por George Pérez ni a las espectaculares escenas de acción plasmadas por Bryan Hitch. En manos de Reis, los diálogos crípticos y grandilocuentes, las amenazas inenarrables de escala cósmica, el metalenguaje más delirante y todos los demás tics y lugares comunes del imaginario morrisoniano parecen más asequibles que nunca, lo cual se agradece una barbaridad. Veremos en qué acaba derivando todo esto ("Crisis Final" también empezaba a lo grande y ya sabemos cómo terminó la cosa), pero desde luego el arranque de "The Multiversity" ha dejado muy alto el listón para próximas entregas.



Velvet
Guión: Ed Brubaker. Dibujo: Steve Epting. Color: Elizabeth Breitweiser (y viva el estajanovismo).
Image Comics. Serie abierta. 6 números publicados.


El equipo creativo responsable de los tebeos más relevantes del Capitán América en décadas desembarca en Image con una premisa sugerente: ¿qué pasaría si la principal sospechosa del asesinato a sangre fría de James Bond fuese la secretaria Moneypenny? Sustituyamos al MI-6 por la organización ARC-7, al agente 00-ídem por el nombre en clave X-14 y a la enamoradiza burócrata creada por Ian Fleming por la Velvet Templeton del título (la cual esconde un turbulento pasado como agente de campo), añadamos unas gotas de "Modesty Blaise" y de "Sleeper" (¿el mejor trabajo de Brubaker?) y obtendremos la receta del éxito de "Velvet".


A Bru el cambio de aires (de Marvel a Image) le ha sentado de maravilla, y aquí se muestra pletórico en la descripción de personajes y en la construcción de una trama adictiva, tirando de recursos tan clásicos y eficaces como el flashback y la voz en off. Por su parte, Epting entrega las mejores páginas de su carrera: un prodigio de anatomía realista y gran cuidado en los fondos que, al contrario que en el caso de otros dibujantes que abusan de las referencias fotográficas como Alex Maleev o Greg Land, no repercute en absoluto en el ritmo narrativo. De hecho, pocos tebeos he leído últimamente capaces de transmitir el nervio que Epting imprime a las escenas de combate cuerpo a cuerpo, tiroteos y espectaculares persecuciones en las que Velvet se ve inmersa mientras recorre el mundo tratando de limpiar su nombre y desentrañar las claves del asesinato del agente X-14.



Zero
Guión: Ales Kot. Dibujo: un artista diferente en cada número. Color: Jordi Bellaire.
Image Comics. Serie abierta. 10 números publicados.


Cuanto más pienso en ello, más evidente me parece el hecho de que la mayoría de mis comics comerciales favoritos de los últimos tiempos han sido aquellos que mejor partido le han sacado al formato comic-book de 24 páginas. Títulos como "Planetary", "All-Star Superman" o "Sleeper", en los que cada entrega mensual suponía en sí misma un estímulo plenamente satisfactorio y no sólo una parte mínima de un todo mayor. Es una tradición narrativa que se está perdiendo, con guionistas cada vez más cómodos en el terreno del decompressive storytelling, con las intenciones puestas en el tomo recopilatorio y no en la publicación mes a mes. Por suerte todavía quedan tebeos como "Zero", capaces de desarrollar episodios más o menos cerrados dentro de una trama mayor, consiguiendo revalorizar el formato tradicional de serialización en el comic estadounidense. Más aún si tenemos en cuenta que cada capítulo está dibujado por un artista diferente, adaptando el aspecto visual al tono y al ritmo de la narración. Lo que habitualmente se denomina despectivamente como "baile de dibujantes" se convierte aquí en un valor añadido, del mismo modo en que sucedía con la "Global Frecuency" de Warren Ellis, y por imposible que parezca esto no implica una gran irregularidad en el resultado final, pues la calidad media de "Zero" se mantiene muy alta en todo momento (por mucho que haya episodios como el 2, el 3 o el 9 que sobresalgan por encima del resto). Por pomposo que pueda sonar, lo apropiado en este caso sería hablar de "vals de dibujantes".


El argumento de "Zero" combina el género de espías con la ciencia-ficción, con un protagonista primo-hermano de Jason Bourne, acuciado por dudas existenciales respecto a su pasado y al verdadero propósito de sus misiones, trabajando para una misteriosa Agencia recién salida de un capítulo de "Fringe". Que no sea una idea precisamente original no implica que no esté brillantemente desarrollada. La conspiración de fondo, la fantasía hi-tech y las impactantes escenas de acción que salpican el relato no esconden la auténtica importancia del elemento dramático y de la precisa caracterización de personajes con apenas cuatro pinceladas. A este respecto, el trabajo del guionista Ales Kot se merece todas las alabanzas posibles. Y las buenas noticias no terminan aquí: ECC Ediciones ya ha anunciado su publicación en nuestro país para el mes de octubre, arrancando con el tomo que recoge los 5 primeros comic-books (y que culmina con un cliffhanger realmente interesante). Para el menda, compra segura. Sin pestañear.